lunes, 28 de septiembre de 2009

ALIMENTACIÓN EN LA ADOLESCENCIA

El siguiente informe fue realizado por el dietista Alberto J. Cormillot.










La adolescencia es uno de los períodos de crecimiento acelerado en el ser humano (el primero es hasta que el bebé tiene seis meses).
En la infancia, el crecimiento es lento y relativamente regular, hasta que un año o dos antes de la pubertad se inicia la segunda aceleración del crecimiento que dura, disminuyendo luego su velocidad, hasta seis meses o un año después de concluido este período. El aumento en la capacidad de su estómago y las modificaciones en la actividad de las glándulas provocan casi siempre un enorme apetito, característico de la edad. Durante ese período, especialmente los muchachos, comen cualquier tipo de alimentos que le vengan a mano. Satisfacen así su apetito, pero muy a menudo esos alimentos no tienen las cualidades nutritivas necesarias para un crecimiento armónico y total.
La etapa de crecimiento rápido en la adolescencia es un fenómeno especial, que depende sobre todo de las glándulas endocrinas. Comienza antes en las chicas: alrededor de los 11 años, hasta los 14 o 15; y después en los muchachos, desde alrededor de los 13 años hasta los 16 o 18 años. Existen grandes diferencias individuales; hay adolescentes que crecen muy rápido, y la detención del crecimiento se produce bruscamente; hay otros que crecen lentamente, de manera gradual y uniforme, durante más tiempo, y llegan a ser más altos generalmente que los que crecen muy rápido.
El crecimiento físico se da en todos los sentidos, crecen los huesos, los músculos, los hombros se ensanchan en los varones, las caderas en las mujeres, etc.; aunque las diferentes partes del cuerpo se van desarrollando a distinto ritmo, y al llegar al final de la adolescencia se superan las desproporciones iniciales.
Los cambios psíquicos también son notables: se pasa de ser un niño protegido y despreocupado, hasta llegar a ser un adulto que debe valerse por sí mismo y enfrentar el mundo solo, tomar decisiones para su futuro.
Las tensiones y angustias de esta etapa difícil también influyen mucho en la manera en que el adolescente se alimenta. Puede sobrealimentarse, o perder el apetito, de acuerdo a sus estados emocionales.
Los viejos gustos en comidas ceden su lugar a otros nuevos, aparece a veces la sensación de que algunos alimentos son de "mayores", como el café, y que otros son de "niños". Es común que sientan la necesidad de alimentarse entre comidas. Esto es completamente normal, y no tiene generalmente ningún efecto sobre el apetito que vayan a sentir posteriormente para la próxima comida. Un adolescente puede comer por día lo que término medio comen dos adultos.
Lo importante es ver qué clase de comida. Muchas veces los hábitos de la familia son decisivos en este sentido, ya que se proporcionan al adolescente determinados alimentos y otros no, según las costumbres. Las chicas pueden introducir a veces alimentos anormales en su alimentación por un afán que los muchachos no suelen tener tanto en cuenta: el de conseguir una silueta delgada.
Esta preocupación sería saludable si usaran una dieta correcta, pero a veces las chicas confunden sus necesidades, y creen que para bajar de peso no hay que comer nada, o muy poco, y no saben elegir. El otro error opuesto, que suele provenir de los padres, es creer que una adolescente gordita rebajará de peso por sí sola cuando pase esa edad. Esto ocurre, y lo más probable es que luego sea una joven gordita, y una adulta gordita. Algunos padres piensan que es peligroso hacer dieta en la adolescencia, y que para crecer hay que comer sin límites. Las verdaderas necesidades son otras.
En la adolescencia se puede y es conveniente adelgazar cuando se pesa más de lo normal.
La movilización física juega un rol especialmente importante: se ha comprobado que a veces no es tanto el exceso de comida como la falta de movimiento, lo que incide en la gordura adolescente. Dos chicas pueden comer los mismos alimentos, pero si una de ellas se pasa el día sentada, estudiando, mirando televisión, o haciendo trabajos que no necesitan movimiento, y cuando sale, tampoco camina; y otra hace gimnasia, deportes, camina y baila, no hay duda de que el peso será diferente en las dos.
Todos los adolescentes pasan por estados de inestabilidad y ansiedad, y a veces las tensiones se descargan comiendo. Entonces el apetito no responde sólo a las necesidades del crecimiento, sino a motivaciones psíquicas, y el adolescente necesita ayuda. Detrás de muchos adolescentes obesos se han encontrado madres que los sobreprotegen, aumentando los temores y las indecisiones propias de la edad.
El adolescente necesita para poder adelgazar, la cooperación y el apoyo de su familia, tanto en cuanto a la dieta, como en cuanto a la comprensión de sus necesidades psíquicas y el respeto de su personalidad.
En cuanto a la dieta en sí, después de los 12 años de edad, pueden seguir regímenes que contemplen su necesidad de proteínas y que se complementen con gimnasia y deportes.

(Información extraída de revista "Vivir").

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