lunes, 14 de septiembre de 2009

LA CAMISA DE SEDA

Chica sentada con boligrafo en la mano, a punto de escribir una carta. Rosa sobre la mesa

Camisa de seda


Una chica de 18 años le escribe a su madre:

Mamá:
Aunque vuelvan tarde, despiértame.
Quiero que me cuentes cómo estuvo la fiesta.
Tenía ganas de verlos antes de que se fueran, pero con las chicas cenamos algo por ahí y se nos hizo tarde.
Estoy segura de que estarán más lindos que los novios.
Me desvelé. Tenía mucho para estudiar, pero me dieron ganas de ver las fotos de los primeros años. En realidad buscaba una, aquella que me sacó papá cuando me apoderé de tus cosméticos. Me pinté hasta las orejas y tengo una sonrisa que me abarca toda la cara. Saliste detrás de mí, agachada, tratando de recuperar algo de lo que tu hija de 3 años te había desparramado por todo el piso.
Mi locura eran tus zapatos negros de taco alto. Me descalzaba para escucharte decir: "a ponerse los zapatos. . . rápido". Entonces yo iba a buscar los tuyos y, cuando me veías, te causaba más gracia que enojo.
¡Y ahora ni hablar!, lo único que no te uso es la tintura (porque mis 18 años todavía no tienen canas). Sin embargo, aunque me ponga tu ropa, tu perfume, tus aros, jamás alcanzaría tu belleza, mamá.
Recuerdo tus ojitos brillosos el día que fui a bailar por primera vez con tu jean nuevo y esas botitas que tanto me gustaban. . . Te soy sincera. . ., quiero que hoy sean mis ojitos los que brillen.
¡Despiértame!, me muero por verte con la camisa de seda que esta vez. . . te presté yo.



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