viernes, 11 de septiembre de 2009

PARA UNA DIETA RICA EN VITAMINAS

El siguiente informe fue realizado por el Dr. Eduardo Casanova.

Las vitaminas son sustancias que el organismo necesita y que no es capaz de sintetizar, por lo cual debe necesariamente ingerir para mantener la vida y la salud.
Si bien las vitaminas no producen directamente la energía (como lo hacen otros nutrientes, glúcidos, proteínas y grasas), las calorías que el organismo utiliza actúan a nivel de las reacciones bioquímicas que permiten ese proceso. Ello explica, por ejemplo, que los deportistas y quienes realizan un trabajo físico exigente tengan una necesidad relativamente mayor de vitaminas.
Las legumbres, cereales y frutas son los alimentos que aportan al organismo un contenido no meramente calórico, sino rico en vitaminas, tanto liposolubles -o del tipo A-, como hidrosolubles -o del tipo B-, aunque debe recordarse que tanto la cocción de los alimentos como los medios de conservación de los mismos, pueden interferir con la utilización de su contenido vitamínico por el organismo.
Las vitaminas liposolubles (vitaminas A, D, E, K), al disolverse en las grasas corporales, permiten al organismo una reserva más prolongada de las mismas que normalmente no se ve afectada sino por malos hábitos dietéticos crónicos. La vitamina A (antioxidante natural) permite el crecimiento, el mantenimiento y la hidratación de la piel, las mucosas y la visión. La vitamina D regula la utilización normal del calcio y el fósforo, regulados por las glándulas paratiroides. La vitamina K se vincula con la coagulación de la sangre, permitiendo que el hígado pueda sintetizar un factor de coagulación fundamental como es la protrombina.

Papel de las vitaminas A y C previniendo la ancianidad y mejorando la calidad de vida

El descubrimiento del papel de los llamados "radicales libres" en el organismo, a los que se les ha llamado los "delincuentes moleculares", permitió jerarquizar el papel que cumplen las vitaminas al contrarrestar o "frenar" el efecto contraproducente, oxidativo, de estas sustancias. Particularmente el efecto de la vitamina A, que posee un efecto "antioxidante", semejante a los betacarotenos, que protege a las células de un envejecimiento prematuro, y también de ciertas alteraciones que podían llevarlas a desarrollar cáncer. Dicho efecto se potenciaba por acción de la vitamina C, que además, aumentaba las defensas inmunitarias.
Debe recordarse que el "efecto antioxidante" de estas sustancias no sólo defiende al organismo del efecto de los radicales libres "endógenos", elaborados por el propio organismo, sino de los procedentes del medio ambiente, con acción igualmente nociva, como es el humo de tabaco, la contaminación del aire, las radiaciones, el ejercicio físico excesivo, las dietas ricas en grasas poliinsaturadas, las isquemias, etc.

Fuentes de vitaminas

La vitamina E se encuentra principalmente en aceites vegetales, en gérmenes de trigo, en gérmenes de maíz, almendras, avellanas, nueces y maníes; también en legumbres como el repollo, el apio blanco, en las frutas y en las carnes de pollo y de pescado.
La vitamina C está presente sobre todo en citrus (limón y naranja), guayaba, mango, kiwi; y también, en menor proporción, en tomate, cebollas, repollo y en verduras de hoja verde, sobre todo perejil y espinaca.
Los carotenos actúan combinados con las vitaminas C y E manteniendo el nivel de actividad de las células y cumpliendo una función depurativa de las sustancias oxidantes. Hay varios tipos: los betacarotenos se encuentran en verduras amarillas, anaranjadas y en las verdes oscuras; los alfacarotenos en la zanahoria, y otros, en el tomate, el brócoli y en los citrus.
Las mismas fuentes de vitaminas también aportan al organismo minerales que son esenciales para mantener las funciones fisiológicas normales del mismo. Entre ellos se ha destacado recientemente el papel del selenio por sus efectos anticancerígenos y protectores cardiovasculares, además de actuar eliminando ciertos virus. También el magnesio resulta protector cardiovascular. El zinc, se destaca por su acción opuesta al envejecimiento y reforzadora del sistema inmunitario.
Se recomienda el consumo de todos estos vegetales en forma cruda, en ensaladas y/o en licuados, o bien cocidos al vapor, para evitar la desnaturalización de sus componentes esenciales para la dieta. Este tipo de alimentos cuenta además con un valor agregado para la salud, ya que cuenta con un aporte calórico reducido, importante para evitar la obesidad, y un bajo contenido de grasas, importante para evitar las dislipemias y las lesiones vasculares asociadas.
En el caso de personas que por razones de tiempo no logran adquirir estos alimentos en el comercio y luego elaborarlos en su casa, debe recordarse la oferta que realizan los laboratorios, de tabletas o cápsulas (debidamente recetadas por el médico tratante), que contienen estos elementos esenciales de la dieta.

(Información extraída de revista "Vidasana").

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