sábado, 16 de mayo de 2015

HISTORIAS PARA SENTIR, PENSAR Y REFLEXIONAR

Textos de Reflexión

A continuación se ofrecen algunos relatos cortos, moralejas y pensamientos que te ayudarán a reafirmar o analizar conceptos sobre el amor, la vida y ciertos valores importantes del ser humano.

El Maestro y el Alacrán

Historias para pensar. Alacrán
Un maestro oriental vio a un alacrán que se estaba ahogando. Decidió rescatarlo sacándolo del agua, pero cuando lo hizo, el alacrán lo picó.
Por la reacción al dolor, el maestro soltó al animal, que cayó nuevamente dentro del agua, quedando otra vez en peligro.
Insistente, el maestro intentó salvarlo, pero el alacrán volvió a picarle los dedos.
De la misma manera, la situación se repitió durante varios minutos.
Un transeúnte que había observado la escena, se acercó al maestro diciéndole:
“Perdone, ¡pero usted es muy terco! ¿No entiende que cada vez que intente sacarlo del agua lo picará?”
El maestro respondió:
"La naturaleza del alacrán es picar, y eso no cambiará la mía, que es ayudar".
Finalmente y sirviéndose de una hoja, el maestro sacó al animalito del agua y le salvó la vida.

Moraleja:
No intentes cambiar tu naturaleza si alguien te hace daño; sólo procura tomar las debidas precauciones.

Leyenda de la Voz Misteriosa

Historias. Pintura de mujer pobre con niño y cántaro
Cuenta la leyenda que una mujer pobre con un niño en brazos, pasó delante de una caverna y escuchó una voz misteriosa, que desde dentro decía:
“Entra y toma todo lo que desees, pero no olvides lo principal.
Recuerda que al salir, la puerta se cerrará para siempre. Por lo tanto, aprovecha la oportunidad, ¡y no olvides lo principal!”
La mujer entró en la caverna y encontró muchas riquezas. Fascinada por el oro y por las joyas, puso al niño en el piso y comenzó a recoger, ansiosamente, todo lo que podía en su delantal.
La voz misteriosa habló nuevamente diciendo:
“Tienes únicamente ocho minutos para recoger. Una vez cumplido este lapso, todo habrá terminado”.
Agotados los ocho minutos, la mujer, cargada de oro y piedras preciosas, corrió hacia fuera de la caverna y la puerta se cerró. . .
Recordó, entonces, que el niño había quedado adentro y la puerta estaba cerrada para siempre.
La riqueza duró poco, y la desesperación, ¡para el resto de su vida!

Lección:
Tenemos un determinado número de años para vivir en este mundo, y hay una voz que siempre nos advierte: “¡No olvides lo principal!” Escuchémosla y prestemos más atención a aquello que es verdaderamente importante para nosotros: la familia, los amigos, el amor, la vida; ¡los tesoros del alma!

El Saco de Plumas

Dibujo de plumas blancas volando
Un hombre calumnió largamente a un amigo suyo, debido a la envidia provocada por el éxito que éste había alcanzado en su vida.
Tiempo después se arrepintió de la ruina que trajo con sus calumnias a ese amigo, y visitó a un hombre muy sabio diciendo:
-Deseo reparar todo el daño que hice a mi amigo. ¿Cómo podré hacerlo?
El sabio respondió:
-Toma un saco lleno de plumas ligeras y pequeñas, y suelta una de ellas en cada sitio al que vayas.
El hombre, muy contento por realizar aquella tarea tan fácil, tomó el saco lleno de plumas, y al cabo de un día las había soltado todas.
Más tarde, regresó junto al sabio para comunicarle que ya había vaciado el saco, a lo que éste contestó:
-Ahora debes volver a llenar el saco con las mismas plumas que soltaste. Sal a la calle y búscalas.
El hombre se sintió muy triste, pues sabía lo que eso significaba y no pudo recoger casi ninguna.
Al regresar, el hombre sabio le dijo:
-Así como no has podido recoger de nuevo las plumas que volaron con el viento, tampoco podrás reparar tus acciones, pues esas calumnias han volado de boca en boca y el daño ya está hecho. Ya que no hay modo de revertir lo hecho, lo único que puedes hacer hoy para corregirte es pedir perdón a tu amigo.

Enseñanzas:
Todas nuestras acciones tienen consecuencias y dejan huellas en las vidas de otras personas.
No es posible desandar un camino ya recorrido, ni deshacer las equivocaciones, pues ahora forman parte del pasado. Sin embargo, los errores que cometemos son una vía de aprendizaje, y debemos utilizarlos para nuestra superación y crecimiento.
Reconocer nuestras fallas, arrepentirnos, pedir perdón y mejorar la actitud es una forma de rectificarse y avanzar en el sendero de la vida.
Una disculpa sincera y la necesidad de cambiar son signos de madurez, reflexión y respeto hacia los otros.

Cometer errores es de humanos, y de sabios pedir perdón.

La Joya

Joya con piedras preciosas. Anillo con esmeralda y pequeños diamantes
En uno de sus viajes, un monje andariego encontró una bonita joya con una piedra preciosa y la guardó en su talega.
Un día se cruzó con un viajero y abrió la talega para compartir con él sus provisiones. Entonces el viajero vio la joya y se la pidió. El monje se la entregó sin más.
El viajero, agradecido, partió lleno de gozo con aquel regalo inesperado; una piedra preciosa que bastaría para otorgarle riqueza y seguridad durante el resto de su vida.
Sin embargo, poco tiempo después regresó en busca del monje mendicante. Al encontrarlo, le devolvió la joya y le dijo:
“Ahora te ruego que me obsequies algo mucho más valioso que esta joya. Dame, por favor, aquello que te permitió entregármela”.

El Examen

El examen. Mano escribiendo
Durante mi último curso en la escuela, nuestro profesor nos puso un examen.
Leí rápidamente todas las preguntas, hasta llegar a la última, que decía lo siguiente:
"¿Cuál es el nombre de la mujer que limpia la escuela?"
Creí que se trataba de una broma.
Yo había visto muchas veces a la mujer que limpiaba la escuela. Era alta, de cabello oscuro y como de unos cincuenta años. Pero. . . ¿cómo iba a saber su nombre?
Entregué mi examen, dejando un espacio en blanco en lugar de la última respuesta.
Antes de que terminara la clase, alguien preguntó al profesor si la última pregunta contaría para la calificación del examen: “Por supuesto”, respondió el profesor. “En sus vidas ustedes conocerán muchas personas. Todas son importantes. Todas merecen su atención y cuidado, aunque sólo les sonrían deseándoles un buen día”.
Yo nunca olvidé esa lección.

También aprendí que su nombre era Dórothy.

Los Tres Consejos

Los tres consejos. Casa pequeña con chimenea y sendero, en un prado con flores y rodeada por un bosque
Érase una vez una pareja de recién casados, que muy pobremente vivían de la caridad de sus vecinos en un pequeño pueblo.
Una mañana, el marido decidió hacer una propuesta a su esposa.
“Amor mío: me marcharé de nuestra casa por un tiempo. Buscaré un empleo, y trabajaré duro hasta que haya ganado el suficiente dinero como para regresar y poder ofrecerte una vida más cómoda y digna.
No sé cuánto tiempo estaré lejos de ti.
Lo único que te pido es que me esperes y me guardes fidelidad.
Por mi parte, yo prometo serte fiel”.
Se despidieron y el joven partió con tristeza en busca de una nueva vida de luchas, esfuerzos y esperanza.

Después de varios días de viaje a pie, encontró un hacendado que lo aceptó como ayudante para realizar tareas rurales en su estancia.
Antes de comenzar, el muchacho explicó sus planes al nuevo patrón:
“Por favor, permítame trabajar durante un tiempo, y deposite mi salario en una cuenta de ahorros hasta el momento de partir. Llegada la hora, usted me liberará de mis obligaciones y me entregará el pago completo por la labor.
De este modo, podré reunir el dinero suficiente para regresar junto a mi esposa y comenzar una nueva vida”.
El hacendado estuvo de acuerdo y ese fue el pacto.
Cumpliendo con su deber, aquel joven trabajó durante veinte años, sin vacaciones ni descanso.

Transcurrido este tiempo y en una tarde de primavera, el hombre habló a su patrón para ponerlo al tanto de la decisión:
-Señor, ya es momento de regresar a mi hogar. Necesito que me entregue mis ahorros. Saldré mañana muy temprano.
El jefe dio su consentimiento para que el ayudante se retirase, pero antes de cumplir con su parte del trato, le hizo la siguiente propuesta:

-Te daré la oportunidad de escoger entre dos opciones:
Podrás regresar a tu casa llevando el dinero que con gran esfuerzo has ganado durante estos veinte años, o escuchar de mi boca tres valiosos consejos y marcharte sin el dinero.
Si lo deseas, también te daré dos días para meditar tu respuesta.
Recuerda: los ahorros reunidos durante tantos años o los tres consejos.
Dinero reunido. Bolsa con monedas de oro
El trabajador aprovechó los días que le ofrecía su jefe para tomar una decisión, aunque con muchísimas dudas, pues se trataba de todo el dinero que había reunido durante veinte años para lograr una vida feliz junto a su querida esposa.
Él respetaba profundamente a su patrón, lo consideraba un hombre de gran sabiduría y estaba seguro que lo quería tanto como a un hijo. De modo que, luego de mucho pensar, buscó al hacendado y le respondió:
-Escojo los tres consejos.
El hombre le recordó entonces:
-Si te doy los consejos, partirás sin tu dinero.
-Sí, sí, lo sé, pero deseo oír los consejos.
El hacendado calló durante un momento. Finalmente lo miró a los ojos y le aconsejó:

  1. Nunca tomes atajos en tu camino. Los senderos más cortos y desconocidos te podrían costar la vida.
  2. No seas curioso de aquello que representa el mal. La curiosidad por el mal puede ser fatal.
  3. Jamás tomes decisiones importantes en momentos de odio y dolor. Es posible que te arrepientas por el resto de tus días.

Luego de darle los tres consejos, el patrón dijo a su empleado:
-Aquí tienes unos deliciosos panes. Estos dos son para alimentarte durante el viaje, y el tercero es para compartir con tu esposa cuando llegues, por fin, a tu casa.
Entonces el hombre se despidió de su antiguo jefe y partió.

Tras veinte largos años fuera de su hogar, se dispuso a emprender el extenso camino que lo conduciría al reencuentro con su mujer.

Pasado el primer día de viaje, el hombre se cruzó con otro viajero que le preguntó cuál era su destino, a lo que él respondió:
-Me dirijo a un pequeño pueblo muy distante, el cual se halla a más de veinte días de caminata por estos senderos.
El viajero le dijo entonces:
-Este camino es demasiado largo. Yo conozco un atajo que te conducirá a destino en unos pocos días.
El hombre se alegró al pensar que quizá llegaría pronto a su hogar, y no dudó en tomar el atajo que le indicaba el desconocido. Pero unos instantes más tarde recordó el primer consejo de su patrón:
“Nunca tomes atajos en tu camino. Los senderos más cortos y desconocidos te podrían costar la vida”.
De modo que decidió regresar al antiguo camino y continuar el largo trayecto hacia su casa.
Unos días después supo que otros viajeros habían sido asaltados, golpeados y despojados de sus pertenencias al transitar por aquel atajo. Era evidente que el camino conducía a una emboscada.

Varias jornadas más tarde y ya muy cansado por el largo viaje, encontró una pequeña posada en la cual pidió asilo para pasar allí la noche.
Tras ingresar y tomar un baño, el hombre se acostó sobre uno de los camastros y se dispuso a dormir, a fin de retomar su caminata por la mañana. Pero en mitad de la madrugada se oyó un grito aterrador que provenía del exterior, y el viajero despertó sobresaltado y confuso.
Rápidamente se puso en pie y abrió la puerta de la habitación, con intención de descubrir lo que estaba sucediendo. Pero entonces recordó el segundo consejo de su patrón:
“No seas curioso de aquello que representa el mal. La curiosidad por el mal puede ser fatal”.
Obedeciendo aquella sabia recomendación, se limitó a cerrar la puerta de inmediato y regresar a la cama, con el fin de conciliar nuevamente el sueño.

Al amanecer, el gentil anciano que atendía la posada le ofreció un desayuno caliente, que el viajero aceptó de buen grado antes de partir.
Luego de desayunar y cuando ya se disponía a emprender su camino, el posadero le preguntó si había oído gritos durante la noche.
El hombre asintió y se sorprendió ante la confesión del anciano, quien le explicó que una extraña criatura se dedicaba a atacar a los huéspedes que, de madrugada, salían tras oír sus horribles alaridos.
“Ha tenido usted mucha suerte”, agregó el hombre. “Ningún viajero ha conseguido sobrevivir al ataque del misterioso animal, con excepción de los monjes y los sacerdotes”.
Contento por haber salvado su vida, el viajero despidió al anciano y continuó su marcha.

Después de varios agotadores días y noches avanzando por aquellos caminos, pudo ver entre los árboles el humo proveniente de la chimenea encendida en su pequeña casa.
Al aproximarse, distinguió tras los arbustos la silueta de su añorada esposa. Aunque la noche caía, reparó en que ella no estaba sola.
Finalmente y al acercarse aún más, pudo comprobar la presencia de otro hombre que descansaba sobre una pila de leños, mientras ella lo acariciaba con cariño.
Al contemplar la inesperada escena, sintió que su corazón se llenaba de odio y amargura y, guiado por un impulso incontrolable, decidió correr al encuentro de los dos para acabar con sus vidas y vengar aquella traición.
Inhaló profundamente y apresuró el paso, dispuesto a llevar a cabo la terrible idea, pero se detuvo con gran esfuerzo al recordar el último consejo de su jefe:
“Jamás tomes decisiones importantes en momentos de odio y dolor. Es posible que te arrepientas por el resto de tus días”.
Por tanto, el decepcionado esposo reflexionó un momento, y finalmente optó por pasar la noche refugiado entre los árboles, a fin de descansar y tomar una decisión más adecuada cuando despertase por la mañana.

Al llegar el día, el hombre pensó que lo mejor sería regresar a la hacienda junto a su patrón, pero antes necesitaba ver a su mujer, dialogar con ella y comunicarle que él siempre le había sido fiel.
Se dirigió a la casa y llamó a la puerta.
Cuando su esposa atendió y lo reconoció, le abrazó con gran intensidad y emoción, pero inmediatamente él le reprochó con tristeza que lo hubiese traicionado con otro hombre, a lo que ella respondió sorprendida:
-Jamás he faltado a nuestra promesa. Te he esperado y te he sido fiel durante todos estos años.
Confundido y un tanto alterado, el marido preguntó:
-Entonces, ¿quién es ese hombre al que acariciabas ayer por la tarde?
-Aquel joven es nuestro hijo.
Poco tiempo después de tu partida, supe que llevaba un niño en el vientre.
Impresionado y feliz por la grata noticia, el marido besó y estrechó a la esposa entre sus brazos, e inmediatamente se adentró en la casa para abrazar y conocer a su hijo.
Luego comenzó a narrar toda la historia de su viaje, a fin de poner al tanto a su familia sobre cada detalle de lo sucedido, y depositó sobre la mesa el último pan, aquel que su jefe le había obsequiado para el momento del regreso.
Pronto reparó en que el pan había envejecido un poco y se veía como piedra, pero de todos modos decidió partirlo en honor a aquel hombre, que con sus sabios consejos había salvado su vida, así como la de su esposa y su hijo.
Al partir el pan, descubrió con gran sorpresa que éste estaba hueco, y en su interior contenía todo el dinero que él mismo había ganado durante aquellos veinte años de trabajo en la hacienda de su patrón.
Pan antiguo, redondo
¿Qué has aprendido de esta lectura?

¿Qué consideras más valioso: el dinero recaudado con esfuerzo durante veinte años de trabajo o los sabios consejos del patrón?


Si fueses el protagonista de la historia, ¿cuál de las dos opciones hubieras escogido tú?


¿Cuál de estos relatos te ha gustado más? ¿Por qué?


¡No olvides escribir tus respuestas y opiniones!

(Este artículo fue creado en base a distintos textos, recopilados de diferentes sitios de la Web, revistas en papel y otras fuentes).

Si buscas más lecturas para reflexionar, pulsa en los enlaces siguientes:

Las Tres Bardas

Los Moños Azules

Un Momento de Reflexión: frases para pensar

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1 comentario:

  1. Siempre es gratificante encontrar personas que buscan mejorar y compartir. Gracias.

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